VENTANA A LA ETERNIDAD

 

 

Estimado Padre Cirilo:

Perdone que me dirija a usted, pero el sacerdote a quien  mi compañera y yo pedimos bautizara a nuestra hija  nos insistió que le escribiéramos exponiendo su objeción a bautizarla. Y él nos informó que había consultado con usted, y que, siguiendo su consejo, nos la bautizaría después de una larga charla con nosotros los padres de la niña.

En esta conversación nos preguntó por qué deseábamos bautizarla de acuerdo con el rito ortodoxo griego. Yo le respondí que mi familia venía de un país ortodoxo y que ellos deseaban que la nieta sea propiamente bautizada, auque a mi. mi madre, no siendo ortodoxa, ni en buenas relaciones con mi padre, me había bautizado en una iglesia episcopal (esto es, no católica romana.) Mi compañera también fue bautizada en la misma iglesia aunque en otra ciudad.

Sin embargo, los dos deseamos ser casados, al final de este año, por la Iglesia ortodoxa. Por lo tanto desearíamos también ser bautizados en la Iglesia ortodoxa antes de la boda.

Por estas razones y otras que hablamos, por fin, el sacerdote nos bautizó a la pequeña.

Por todo esto le ruego que acepte esta carta y que cuando pueda me conteste a ella.

Dando las gracias por anticipado queda de usted atentamente,

RAIMUNDO.

CORRESPONDENCIA

Carta a Raimundo

 

 

Mi muy amado, Raimundo, en nuestro Señor Jesucristo:

Como te dije en el teléfono, voy ahora a responder a algunas de tus preguntas y a aquellos puntos que plantean. Primero, de nuestro primer encuentro y conversación, segundo, de tu carta y, tercero, de tu llamada telefónica. Tengo también que expresarte las más efusivas gracias por tu permiso para hacer pública nuestra correspondencia. Por supuesto, tu nombre y personalidad legal en esta correspondencia serán anónimos. Como os dije, a tu futura esposa y a tí, la importancia de la publicación, así como su publicación bajo un pseudónimo, consiste en que como vosotros, hoy día, existen cientos de miles de seres humanos que se encuentran en las mismas circunstancias de vosotros. y no saben que hacer para conducir sus vidas en paz y en una dirección que llene su existencia de dirección, felicidad y éxito.

Vosotros vinisteis a mi por sugerencia de vuestro párroco. El sentía escrúpulos sobre si a él le era lícito bautizar a vuestra hijita bebé. El sabe muy bien que yo también tengo muchas dudas sobre si debemos retrasar el bautizo de nuestros infantes tan pequeñitos. Para ser bautizado  el catecúmeno tiene que expresar públicamente que él (o ella) rechaza el espíritu malo y desea seguir a Jesucristo. La costumbre y consejo de la Iglesia, ahora ya por muchos siglos, es que bauticemos durante la infancia. Para ello pone la responsabilidad en el padrino y los padres del niño, no sólo que ellos pronuncien las promesas bautismales, también de enseñar la Fe cristiana y su práctica al infante. Tristemente los padrinos y los padres son ignorantes del Credo y de la oración, que nuestro Salvador mismo enseñó y mandó a los apóstoles que enseñaran a todos los fieles de la Fe Cristiana, el Padre nuestro. 

El "Credo" es un resumen breve, conciso de los artículos de la fe cristiana que todos debemos saber de memoria. Se llega a conseguir su memorización o porque se aprende de pequeño estudiando el catecismo, o porque se repite todos los días en nuestras oraciones, así se llega a implantar en la memoria. Así tenemos siempre un archivo fácil, de lo que nos enseñó el Señor, cuando necesitamos responder a preguntas relacionadas con nuestra existencia y la de todo lo que nos rodea. Esto es, El "Credo" es un conocimiento cierto, verdadero y absoluto. Se nos da por Jesucristo.

"El Padre nuestro", en cambio es la oración, modelo de instrumento para comunicarnos con nuestro Creador y Señor, el Dios de nuestro Señor Jesucristo también, quien por ser su Padre es también nuestro Padre. Jesucristo, fuera del tiempo, es la Palabra, o Hijo unigénito del Padre; una vez encarnado en el seno de la Virgen María, en el tiempo, se convierte en nuestro hermano; y por ser hermano nuestro nos eleva a llegar a ser hijos de Dios, su Padre Santo. Para esto último, los seres humanos tienen que aceptar libremente esta filiación. Por esto en el momento del Bautismo tenemos que confesar, libre y públicamente, que elegimos ser seguidores de Jesucristo. Una vez que hemos entrado en esa unión con Jesucristo hemos pasado, también, a una nueva forma de existencia, la de ser hijos de Dios Padre, hermanos del Logos, o Palabra (Verbo), de Dios Encarnado. En esta nueva manera de existir adquirimos también un nuevo sistema de comunicación o lengua: la oración.

Los escrúpulos de vuestro párroco, como los míos, cuando se nos pide que bauticemos a un bebé, tienen origen en el hecho frecuente de que los padrinos y los padres del bebé no tienen idea de lo que es ser cristiano. No saben el Credo ni el Padre nuestro. Si no conocen lo que Jesucristo enseñó y mandó ¿cómo van a seguirle, a dirigir y gobernar su vida de acuerdo con sus enseñanzas? ¿Cómo van a enseñar durante su crecimiento de infancia, adolescencia y adultez al niño, en cuyo nombre, ellos prometieron  seguir a Jesucristo? ¿Cómo van a enseñarle a orar si ellos nunca oran, no saben hacerlo en lo más simple, como es usando el Padre nuestro si ellos mismos son ignorantes de ello?

Hoy día muchos cristianos ortodoxos lo son, simplemente, porque lo eran en los países de origen; alejados de aquel medio ambiente, ni practican, ni adquieren, o se interesan por la fe cristiana no viven cerca de una iglesia; viven en países o medio ambientes que están orientados a muchas horas de trabajo para adquirir dinero y prosperidad y placer de vida; si educan a sus hijos es con el propósito de adquirir mejor estado social y financiero que los padres y, también, para estar más integrados a la sociedad o país en el que viven; todavía más triste, esto también está sucediendo en aquellos países que, antes, se consideraban cristianos ortodoxos. Así que, la administración de los sacramentos de bautismo y matrimonio, que habían dado origen a una celebración de júbilo en la sociedad familiar, ahora lo que queda de ello es la fiesta, los regalos, etc., totalmente mundanos y, claro, un vestigio de su origen es, también, una celebración en el edificio que llamamos iglesia, pero sin apreciar la realidad de la profundidad del amor del Dios creador nuestro que ello significa. Si el sacerdote se hace cómplice de esta mentalidad, nuestro Dios es burlado y despreciado y las almas del pueblo condenadas al fuego eterno. Demos gracias a Dios de que haya sacerdotes que son fieles al mandamiento de Jesucristo que dijo "enseñar a todas las naciones lo que yo os he enseñado bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mat.:28:19.)

Mi muy amado hermano, Raimundo, en el Señor, ya no tengo más tiempo para escribir y, por la tanto, debo terminar ahora. Pero te prometo escribir otro día con algún punto que, todavía, queda por elucidar.

Mis saludos muy atentos a tu compañera, como dices, aunque espero que pronto la des un grado mucho más alto de espíritu en vuestras vidas.

Que la Luz, Gracia y Amor de nuestro Dios, del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, rodeen y llenen vuestros corazones, contemplando a vuestra hijita Sofía = Sabiduría.

 + Cirilo Leret-Aldir, Protopresbítero.

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